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Por qué tu perro no usa su cama y duerme en el piso

3 minutos de lectura Monvixia

Le compraste una cama y sigue tirado en la baldosa. No es que sea desagradecido: casi siempre hay una razón concreta, y casi todas tienen arreglo.

Perro corgi sobre la cama ortopédica ComfyPaw en un salón con mueble de madera

Es una de las cosas que más nos escriben: «le compré la cama y ni la mira». Y la reacción normal es pensar que al perro no le gustó.

Casi nunca es eso. Suele ser una de estas seis razones.

1. Está en el sitio equivocado

Es, de lejos, la causa más común. Los perros son animales de manada: quieren dormir donde está su gente, no en un rincón apartado del cuarto de atrás.

Si pusiste la cama en el sitio que a ti te viene bien, prueba a moverla a la sala, cerca de donde pasas el rato. Muchos perros empiezan a usarla el mismo día.

Tampoco te pases al otro extremo: en mitad del paso, junto a la puerta o al lado de la lavadora tampoco funciona. Buscan un rincón tranquilo pero con vista a lo que pasa.

2. Hace calor

En buena parte de Colombia esto explica la mitad de los casos. La baldosa está fresca y la cama abriga. Si tu perro duerme en el piso solo cuando hace calor y en la cama cuando refresca, no hay nada roto: está regulando su temperatura, que es lo que debe hacer.

Qué puedes hacer: ponerle la cama en la zona más fresca de la casa, y dejarle también un pedazo de piso libre. Que tenga las dos opciones.

3. La cama no le da soporte

Aquí viene lo que a mucha gente le sorprende: un perro puede preferir el piso duro a un cojín blando.

Un cojín de relleno suelto se hunde hasta el fondo con el peso del perro. Cuando eso pasa, el perro acaba apoyado contra el suelo igualmente, pero con la incomodidad extra de estar sobre algo que se mueve y no lo sostiene. El piso, al menos, es estable.

Es la diferencia entre un colchón viejo hundido y un colchón firme. Preferimos el firme, y ellos también. Si tu perro tiene ya sus años o le molestan las articulaciones, esto pesa todavía más.

4. Huele raro

Nueva, la cama huele a fábrica, a plástico, a la bodega donde estuvo. Para nosotros no es nada; para un olfato cuarenta veces mejor que el nuestro, es una razón de peso para no acercarse.

Airéala un par de días antes de dársela. Y un truco que funciona casi siempre: ponle encima una camiseta usada tuya. Con tu olor, la cama pasa a ser territorio conocido.

5. Nunca le enseñaste que es suya

Poner la cama en el suelo y esperar no es enseñar. Vale la pena dedicarle unos días:

  • Dale premios encima de la cama, no cerca.
  • Cuando se eche por su cuenta, felicítalo con calma, sin alborotarlo.
  • Ponle ahí su juguete favorito.
  • Siéntate al lado un rato mientras él está encima.
  • Nunca la uses como castigo. Si la cama es el sitio al que lo mandas cuando se portó mal, deja de ser un refugio y pasa a ser un castigo.

6. Le pasa algo

Si tu perro usaba la cama y de pronto dejó de hacerlo, eso sí merece atención. Un cambio de costumbres de un día para otro puede ser dolor —le cuesta subirse o acomodarse—, o algo que lo asustó ahí. Si además notas que le cuesta levantarse o que se sienta raro, es momento de veterinario.

Resumiendo: mueve la cama a donde está la familia, dale unos días para que la reconozca, ponle tu olor y premios encima. Y si nada funciona, mira qué tipo de cama es: puede que el problema sea que se hunde.

Qué tuvimos en cuenta al elegir la nuestra

Espuma de alta densidad, de la que no se hunde y recupera la forma, precisamente por lo del punto 3. Cinco centímetros de grosor, que aíslan del piso frío sin llegar a acalorar. Y bordes acolchados, porque a los perros que duermen acurrucados les da un sitio donde apoyar la cabeza y esa sensación de refugio que buscan.

Ninguna cama funciona si está en el sitio equivocado. Pero si el sitio es bueno y el perro sigue prefiriendo el piso, casi siempre es la cama.

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